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In Memoriam - Mario Valencia Carpintero Siempre en el recuerdo

Te echo de menos amigo,

Fuiste mucho más que un jefe, fuiste esa persona que se convirtió en mi mejor amigo y en mi segundo padre.

Mucha gente no tiene la suerte de tener un padre, ni un mal padre siquiera, yo tuve la suerte de tener dos grandes padres y tú fuiste uno de ellos.

Te echo de menos amigo, no hay día que no me acuerde de ti, de tus pichitas ante mis chorradas.

No lo sabía pero me entendías demasiado bien, y ahora lo entiendo mejor que nunca. Sabías de mis rarezas y mis problemas, y en lugar de darme de lado como la mayoría, siempre estuviste para ayudarme a aprender a ser mejor cada día.

Yo lo intentaba, no era fácil, que soy terco y lo sabíamos tú y yo, nuestras peleas daban fe, y lo siento, casi siempre —que no siempre— tenías razón, lo sé, pero en mí estaba batallar porque sabes que dentro de lo mezquino que podía llegar a ser, siempre razonaba un poco más y te buscaba la vuelta como fuera.

Como el día de la lluvia de ranas, cuando vuelve a pasar, me río un montón mientras conduzco. En fin, nuestras historias y charlas absurdas en el coche.

Siempre fuiste un gran apoyo, y te fuiste de este mundo demasiado pronto, gracias por haberme comprendido siempre y haberme aceptado tal y como soy.

Quiero que sepas que a pesar de lo mierda que pueda ser la vida tantas veces, que sigo siendo como era, que aunque la gente a veces me trate como si fuera un mierda, sigo ayudando a quien puedo, ayer hice una de esas cosas típicas mías, que hice la tontería de ayudar a una mujer a subir una cuesta a su madre en silla de ruedas y cuando me dio las gracias me acordé de ti y pensé que seguro que sigues orgulloso de cómo soy, porque sigo haciendo las cosas sin esperar nunca nada a cambio y hago lo que me sale del alma.

Me hago mayor a pasos demasiado grandes y rápido, en el instituto, intento darle consejos a los niños y niñas que veo con problemas, y me siento un poco como tú te debías sentir conmigo, porque me conociste siendo un niño y me guiabas por los caminos correctos en todos los sentidos.

A pesar del daño que hacen algunas personas, me siento a recordar mirando el mar nuestras charlas y conversaciones, las cosas que siempre me decías —las buenas y las no tan buenas, pichita, que sigo siendo crítico, más que nadie, conmigo mismo—, y ojalá hubieras estado como siempre estabas para protegerme con tus sabios consejos, seguramente estos últimos años no habría tenido que vivir ni soportar lo que me ha tocado vivir, pero bueno, mira, aquí seguimos.

Porque soy terco como una mula, pero siempre escuché tus consejos, aunque eras más duro que el turrón de Alicante, pero cuánta razón solías llevar.

La vida es mucho más oscura sin ti, Mario, espero que estés donde estés, estés feliz y en paz.

Espero que me recuerdes tanto como yo te recuerdo a ti, capullo.

Para Mario, con eterna gratitud.